“Voces que siembran memoria”
Este jueves 27 de noviembre realizamos en el Punto Violeta Casilda una actividad muy especial por el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. La propuesta, sencilla y profundamente simbólica, reunió a vecinas, diversidades, instituciones locales y autoridades provinciales en un gesto colectivo de memoria y compromiso.
En la Huerta de la Memoria Feminista, plantamos semillas de tomate criollo producidas de manera agroecológica por la Escuela Agrotécnica de la UNR, junto a docentes y estudiantes de la Facultad de Ciencias Veterinarias. Sembrar estas semillas —nativas, recuperadas, cargadas de historia— fue una forma de decir que en nuestro territorio la memoria se cuida, se trabaja y se cultiva.
La jornada contó con una ronda de palabra donde mujeres y personas del colectivo LGTBIQ+ compartieron relatos, fragmentos de vida y reflexiones. Cada intervención fue un recordatorio de que las violencias no son abstractas: tienen rostro, historias y territorios concretos. Y también que la fuerza colectiva puede abrir espacios de escucha y cuidado.
Nos acompañó Melina Gay, coordinadora de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la UNR, quien explicó la importancia de recuperar semillas locales y su vínculo con la biodiversidad, la autonomía y la identidad rural. Su mirada enlazó feminismo, territorio y soberanía alimentaria en un mismo horizonte comunitario.
Contamos con la presencia de autoridades provinciales:
Susana Bartolomé, directora de Fortalecimiento Territorial.
María Paula Spina, directora de Políticas contra las Violencias por Razones de Género.
Y autoridades locales:
Cristina Sviser, secretaria coordinadora del Área de Bienestar y Desarrollo.
Patricia Bacalini, directora de Desarrollo Social.
El cierre llegó de la mano de Agostina y Lu, que nos envolvieron con sus voces, llenando el cantero y la ronda de una sensibilidad profunda. Cantaron La Puerta Violeta y otras canciones que nos dejaron a todas con el corazón más blando y el territorio más acompañado. Ese momento musical terminó de nombrar lo que habíamos sembrado durante toda la tarde: memoria que enraíza, futuro que empieza a brotar.
Agradecemos a cada mujer que participó y compartió un pedacito de su historia. Sus voces sostuvieron el sentido más profundo de este encuentro: transformar la palabra en comunidad y la memoria en territorio vivo.
Agradecemos también a todas las personas que se acercaron, acompañaron y fueron parte de este gesto colectivo.
Y, muy especialmente, al equipo local del Punto Violeta Casilda, por sostener la organización, el cuidado del espacio y la sensibilidad necesaria para que esta jornada pudiera suceder tal como la imaginamos.
Porque la comunidad se construye así: con presencia, con cuidado y con feminismo en acción.





